Campaña de voluntariado: Se realiza de forma anual cada mes de agosto durante tres semanas, en período vacacional de las niñas, cuyo principal objetivo es la mejora académica del idioma inglés, a través de diferentes metodologías que se adaptan mejor a la diversidad de caracteres y niveles de las niñas y facilitan a los voluntarios su labor. Hay una formación previa específica para la campaña en la que se informa al voluntario del programa general, y del programa educativo específico para la campaña, que incluye logística, así como su aprendizaje en las metodologías que van a aplicar.

El primer paso para inscribirse como voluntario es la participación en un curso inicial impartido en los primero meses del curso escolar. Es una sesión de mañana de sensibilización hacia el voluntariado en general y en la que se informa de la labor a realizar en el Centro St. Patrick’s, así como el entorno, historia y actualización del proyecto. Posteriormente a la solicitud de inclusión en campaña, se realizan entrevistas personales con la coordinadora del programa y se conforma el grupo. La formación se completa con una serie de sesiones grupales presenciales y online a lo largo del curso, donde se seleccionan contenidos y material para la campaña, así como se enseñan diferentes metodologías útiles para la impartición de clases y talleres, objetivos específicos de la campaña.

El voluntariado de campaña de verano está abierto a personas mayores de edad, independientes, que estén dispuestas a recibir toda la formación necesaria para la realización de la labor encomendada, respetuosa con las normas de la Fundación San Patricio y de las Misioneras, así como con mentalidad abierta y tolerante hacia otras maneras de vivir y alineadas con el proyecto y la labor de las cuales se informan en el curso inicial.

Si tienes interés en recibir la convocatoria de la primera sesión, por favor, escribe a Carlota Moreno: cmoreno@colegiosanpatricio.es

Testimonio de Sergio Luque, voluntario de la Campaña de Verano de 2016

“Lo que nos pides es muy difícil de expresar, ¡y más por escrito! Es como pedirle a la lluvia que te cuente todo lo que ve al caer, o todas las cosas con las que se mezcla por el camino o una vez en su destino...
A mí, personalmente el viaje me pone en mi lugar REAL en el mundo. Me sirve de recordatorio de dónde estoy, de cómo es mi realidad y de cómo son otras realidades y lugares muy diferentes a los míos. Los conflictos no son tan conflictivos y los problemas, no tan problemáticos.
Aprendo, aprendo, aprendo. De las niñas, de los voluntarios, de las hermanas, de los solífugos y los gansos, de todo.
Vuelvo, y me fijo más aún en las plantas, los bichos, las miradas de la gente. Busco la Luna y la veo tan grande como allí en Lokitaung, pero la tapan cosas mucho más grandes que las acacias y de hecho, parece hasta más pequeña y fea.
Al llegar a España, y una vez pasado el mal trago de guardar la mochila y poner fin al viaje (para mí lo de la mochila es casi traumático), me encuentro con fuerzas renovadas para aprovechar todas las oportunidades que tengo sólo por haber nacido aquí y no en otro lado...”