DESCRIPCIÓN

Turkana supone una inmersión a otro mundo totalmente diferente al que conocemos; cuando uno llega por primera vez, queda casi paralizado intentando hacer sitio a tantas impresiones que se perciben de golpe y las sensaciones que éstas provocan. Una visión de miseria, suciedad, polvo, calor y cierta inquietud ante ese nuevo entorno. Ése es el primer impacto cuando aterrizas en a Lodwar, capital de esta región o distrito, situado en el noroeste de Kenia, cuya extensión es de 77.000 km2 y que limita con Etiopía, Sudán y Uganda.

Los Turkana son un pueblo nilótico y hablan el dialecto: Ng’aturk (w) ana, conocido como Turkana, ocupan también una pequeña parte del sur de Etiopía. En esta región se descubrieron los restos del Niño de Turkana o de Nariokotome, de cultura más sofisticada que la asociada al Homo Habilis. Se denomina Homo Ergaster y es posible que fueran los que dieron el “salto” de África a Europa siendo, por tanto, los antepasados de los europeos, hace ya 1,4 millones de años.

Esta región está recorrida a todo lo largo del este por el Lago Turkana, alcalino y no apto para el regadío. Las poblaciones que viven en las orillas viven de la pesca, cada vez más escasa.

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El principal problema de Turkana, es la permanente sequía que hace que sea una gran extensión semidesértica y sin posibilidades de un mínimo desarrollo socioeconómico. Esto aboca a sus 840.000 habitantes a una vida nómada, con una estructura social tribal, un modo de vida primitivo y de supervivencia, a base del pastoreo de una exigua ganadería.

Turkana es una zona de hambruna prácticamente constante, y en la que no se practica ningún tipo de agricultura. Es una de las zonas más empobrecidas del planeta. Muchas organizaciones no gubernamentales, religiosas o civiles se esfuerzan por sacar a la población del analfabetismo, la enfermedad, el hambre y la mortalidad existentes. En la actualidad existen algunas ayudas del gobierno para formar cooperativas de mujeres para la creación de talleres textiles o explotación de plantaciones y una red de concesión de microcréditos para financiar distintas nuevas iniciativas para el desarrollo de los pocos recursos existentes.

CULTURA Y COSTUMBRES

La vida en Turkana es fundamentalmente nómada, son diversas las tribus que conviven en un mismo territorio. Las luchas entre estos diferentes grupos en las fronteras de Sudán y Etiopía son frecuentes y el objetivo principal es el robo de ganado, que es un bien escaso. El pastoreo es la fuente principal de supervivencia en Turkana y la posesión de asnos, cabras o camellos se considera un lujo. Luchas entre los turkana contra las tribus de Los Pokot y viceversa, o entre los turkana y Meriles de Etiopía, se llevan sucediendo desde hace más de un siglo, a las armas tradicionales de lanzas y machetes o los cuchillos de alrededor de las muñecas, se han unido las armas de fuego proporcionadas desde fuera.

Los turkana no sienten que forman parte de su país, dicen que van a Kenia si hacen algún viaje a Nairobi. La esperanza de vida está en torno a los cincuenta años, edad en la que aparentan ser mucho más mayores debido a la dureza de la vida que llevan.

Existe la poligamia, un hombre puede tener varias mujeres, pero no a la inversa y las niñas son “casadas” a la edad de doce o trece años a cambio de una dote, consistente en cabezas de ganado. Las niñas y mujeres llevan sus característicos collares de cuentas de colores que indican su estatus social y si son casaderas o ya están casadas.

Los hombres visten una especie de manta de algodón de cuadros, atada al hombro y muchas veces llevan sombreros o tocados de plumas. Llevan collares mucho más sencillos que las mujeres, ya que no indican su estatus social o civil. Portan unos taburetes muy pequeños para sentarse casi en cuclillas o apoyar la cabeza cuando duermen, son los ekicholongs, y un largo bastón. Muchos de ellos llevan una pulsera redonda en torno a la muñeca que es una cuchilla con la que desollar animales o defenderse de algún enemigo, el filo de la cuchilla se protege con un aro de pergamino.

Las mujeres llevan unos vestidos hechos con telas de colores, los lessos. También atados a los hombros, con los numerosos collares de cuentas, que antes eran de hueso y ahora son de plástico. Unos son simples ristras de cuentas, otros son de dibujos y factura complicados, al igual que los cinturones que se utilizan en ceremonias. Debajo de la túnica, pueden llevar unas faldas de cuero de cabra, con cinturones de cuentas.

Las cabezas pueden estar semirrapadas y peinadas con trenzas o una especie de rastas finas, también pueden estar teñidas de un intenso color rojo, estos peinados identifican la tribu a la que pertenecen. El cuerpo puede estar tatuado con cicatrices rituales, cuyo origen, muchas veces, se supone es curativo de enfermedades, pero todo forma parte de una simbología rica de identificación. Las orejas están perforadas y suelen llevar pendientes colgantes o redondos.

En grandes ceremonias, se sacrifican cabras como alimento, de la cual se aprovecha todo: piel, grasa, sangre para mezclar con leche como bebida, etc.